La vid es una planta muy longeva y generosa que puede llegar a vivir más de cien años. Como todo ser vivo, la planta pasa por diferentes etapas. En su juventud, produce abundantes frutos, pero estos no son de una gran calidad. Según va madurando, sus raíces profundizan en la tierra en busca de agua y, por el camino, absorben minerales y otros elementos del terreno, dando menos fruto pero más rico. Cuando la viña es vieja su productividad suele disminuir. El viticultor no obtiene mucho rendimiento de dichas viñas pero, por contra, su fruto es muy rico en minerales y contienen toda la sabiduría de la madurez. Así, los vinos que presumen de estar elaborados a partid de viñas viejas quieren dar a entender que son de una producción muy limitada (poca cantidad de uva recogida), pero de gran calidad. Serán vinos que, si es verdad que la uva es de gran calidad, servirán para elaborar vinos de larga crianza, también conocidos como "reservas" o "grandes reservas" en algunas zonas.
Sin embargo, a pesar de que el uso de viñas viejas se asocia generalmente a la alta calidad de un vino, hay quien opina que es mejor mezclar uvas procedentes de viñedos de diferentes edades. De esta forma, las vides nuevas aportarán al vino su juventud y frescura mientras que las viejas contribuirán con su madurez, consiguiendo con la utilización de ambas, un mejor resultado.
Como en casi todo lo que se refiere a la elaboración de vino hay una parte de ciencia y otra de subjetividad. Y, siendo cierto, en líneas generales, que los frutos procedentes de vides viejas suelen ser muy ricos y de gran calidad, esto no significará, necesariamente, que el vino elaborado con ellos sea excelente. Para salir de dudas tendremos que probarlo y decidir por nosotros mismos.


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