Un lluvioso fin de semana en la cornisa cantábrica, una casona asturiana en Celorio, el reencuentro de viejos amigos dispuestos a pasar unos días de descanso. Todo hacía presagiar que la sidra sería nuestra compañera de cenas, almuerzos y diversión. Hasta que aparecieron dos botellas de “Mauro” y una Magnum de “Cóndita” para hacernos cambiar de planes. La sidra tendría que esperar para una mejor ocasión, que no tardaría en presentarse. Y, en tan buena compañía de vinos y amigos, disfrutamos de un estupendo fin de semana de verano.
Acerca de “Mauro”, la mejor creación de Mariano García, ya hemos hablado en un post anterior. Ahora toca referirnos al vino que su hijo, Eduardo García, elabora a través de un nuevo proyecto vitivinícola llamado “Ramiro Wine Cellar” en el que trabaja mi amigo Samuel, responsable de haberme hecho disfrutar de este vino por segunda vez.
La bodega nace en la añada 2001 con la unión de Jesús Ramiro, propietario del restaurante “Ramiro’s”, y Eduardo García, y la idea de crear un vino en común de producción limitada y elaboración artesanal. Un vino personal y distinto en el cual el estilo del vino esté por encima de las limitaciones de los consejos reguladores. Así surge la idea de establecer la bodega fuera de una denominación de origen, para poder experimentar con las diferentes zonas del Valle del Duero. Tan solo dos son las premisas irrenunciables que inspiran la concepción de sus vinos: tempranillo de viñas viejas y trabajar a lo largo y ancho del Valle del Duero.
Con estos mimbres se elaboran, en esta pequeña e innovadora bodega, dos fabulosos tintos: “Ramiro´s”, que es un vino potente y estructurado de crianza larga, 100% tempranillo de viñas viejas del Valle del Duero; y “Cóndita”, un vino de un carácter más suave y de una crianza menos larga (16 meses), elaborado con uvas procedentes de las mismas zonas seleccionadas de entre las parcelas con mayor frescor, menos viejas y de menor concentración.
El resultado es un vino tinto con mucho cuerpo y toda la fuerza y la personalidad que la familia García sabe imprimir a sus creaciones. Un vino larguísimo que permite disfrutar casi de cualquier plato, y con el que tuve la suerte de volver a encontrarme, junto un montón de viejos amigos, en un maravillosos y fresco fin de semana asturiano del pasado mes de julio.
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20 de agosto de 2011
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