26 de julio de 2010

¿Es difícil saber catar un vino?

En absoluto. Por mucho misterio o sofisticación que algunos quieran infundir al asunto, nada hay más fácil que catar un vino. En un próximo artículo hablaré en detalle sobre las fase de la cata, baste por hoy su enumeración y descripción de una forma sencilla.

Las tres fases en que tradicionalmente se divide el proceso de cata son las siguientes:
  1. Vista
  2. Nariz
  3. Boca
En cada una de ellas ponemos en juego un sentido. En la primera fase, que suele llamarse “vista” o “fase visual”, utilizaremos principalmente el sentido de la vista. En ella debemos dedicar un poco de tiempo a observar con atención el vino en su aspecto exterior, sus colores, su trasparencia, su densidad. En la segunda fase lo que cuenta es el olfato, por eso se la conoce como “nariz” o “fase olfativa”. Acercándonos la copa a la nariz trataremos de descubrir sus aromas. Y en la última fase, llamada “boca” o “fase gustativa”, utilizamos el sentido del gusto para probar y saborear, comprobando la textura del vino, su sabor y su potencia.

 
Como veis, no es nada del otro mundo. Todo se reduce a mirar, oler y probar. Tan solo es necesario hacerlo con un poco de calma y poniendo atención a los detalles. Así conoceremos mejor el vino que estamos probando y sabremos apreciar sus bondades. También seremos capaces de descubrir defectos y virtudes del vino. Poco a poco, nos iremos decantando por el tipo de vino, la uva, o la zona vinícola que encaja mejor con nuestros gustos. Es así como se desarrollan las preferencias personales. Nada raro o misterioso, como algunos pretenden hacer ver.

La imagen pertenece a la galería de Abadía Retuerta en Flikr.

23 de julio de 2010

¿Para qué sirve la cata del vino?

Puede que a algunos les parezca una tontería esto de catar el vino. Y, es posible que tengan algo de razón, ya que no son pocos los “entendidos” que han convertido este arte en un proceso incomprensible y lleno de pedantería. De esta forma, pretenden ser una especie de sacerdotes del vino, los únicos capaces de desvelar sus misterios. Nada más lejos de la realidad. Catar un vino es la mejor forma de conocerlo, apreciarlo y valorarlo. Merece la pena aprender las ideas claves y el sencillo proceso de la cata.



No hacen falta grandes conocimientos, como iremos viendo, poco a poco, en sucesivos artículos, solo un poco de práctica y poner a funcionar los sentidos. La cata de vino es una excelente forma de desarrollar el gusto y el olfato.

Una buena forma de acercarse al mundo del vino es participar en las catas que organizan regularmente las tiendas especializadas o los clubs de vino. Por una módica cantidad (que suele oscilar entre los 10€ y 30€), podremos degustar diferentes vinos que, además, suelen venir acompañados de una explicación. Algunas veces el “experto” que dirige la cata lo es tanto, que cae en el vicio de utilizar un vocabulario excesivamente complejo. En ese caso, lo mejor es hacerle preguntas, para que así explique lo que de verdad nos interesa. Otra excelente idea puede ser dedicar los fines de semana a visitar bodegas. En la provincia de Valladolid hay ya muchas que ofrecen una visita guiada y una cata de sus vinos al terminar la visita. Y, si nos gusta alguno de ellos, siempre podremos comprarlo a un buen precio.

14 de julio de 2010

Un estudio realizado en Francia concluye que los amantes del vino llevan una vida más sana

El siguiente artículo es una traducción del original publicado en la revista Wine Spectator. Puedes leerlo  pinchando aquí. (Autor: Jacob Gaffney; Publicado en Mayo, 2010; Traducción: Fernando Cuñado).


El siguiente titular, aparecido en varios periódicos y páginas web, parecía un sueño hecho realidad: "Las personas que toman media botella de vino al día están más sanas", "aquellos que consume vino de forma moderada tienen un corazón y una mente más sanos", y "media botella de vino al día mantiene lejos al médico". Estas afirmaciones provienen de un estudio realizado en Francia, que será publicado en el European Journal of Clinical Nutrition, y que ha descubierto que aquellas personas que toman una cantidad moderada de vino al día llevan una vida más saludable en varios aspectos que los no bebedores. Pero ¿qué hay de cierto en ello?

Es verdad que numerosos estudios han revelado la relación que existe entre el consumo de vino y la salud, en concreto la salud cardiovascular. Aunque también han descubierto la relación entre el consumo de vino y la incidencia más elevadas de determinados tipos de cáncer. Sin embargo, los científicos están aún lejos de descubrir de qué forma el vino mejora la salud. Un análisis más detallado del estudio antes citado revela que los hábitos de vida y el estatus socio-económico de aquellas personas que beben vino, podría ser factores con una mayor relevancia de que se creía.

Dicho estudio ha sido llevado a cabo por un equipo de investigadores de los Centro de Prevención de las Enfermedades Cardiovasculares de varios hospitales parisinos. El estudio se realizó sobre un conjunto de cerca de 150.000 personas residentes en el área cercana a la ciudad de Paris. Comprobaron que el 13,7% de los hombres entrevistados y el 23,9% de las mujeres no bebían nada en absoluto. Los bebedores se dividieron en cuatro grupos según su nivel de consumo de alcohol: los que no bebían nunca; los que bebían menos de un vaso al día (bajo); hasta tres vasos al día (moderado); y aquellos que bebían más de tres vados al día (alto). Los sujetos del estudio se sometieron también a diversos test de salud.

El equipo descubrió que las mujeres que bebían de forma moderada presentaban un menor índice de masa corporal, perímetro abdominal, presión arterial y menores índices de lípidos en sangre (incluyendo el colesterol malo). Los hombres que bebían de forma moderada presentaban un menor índice de masa corporal, ritmo cardiaco, presión arterial y mejores niveles de azúcar en sangre, además de menores índices de estrés y depresión.

Pero, en vez de probar que el vino puede reemplazar a las verduras en nuestra dieta, los autores del estudio concluyeron que las personas que beben de forma moderada suelen llevar una dieta más saludable, tienen un mayor equilibrio entre la vida personal y el trabajo y hacen más ejercicio. Comparando a los bebedores con los abstemios, uno de los autores del estudio, el doctor Boris Hansel, manifestó que "lo más importante que han revelado el estudio es que el consumo moderado de vino puede considerarse un indicador muy poderoso del estatus social, lo que podría ser una razón importante del mejor estado de salud de dichos sujetos."

[…]

La imagen pertenece a la galería de philosophygeek en Flikr.

3 de julio de 2010

¿Corchos de plástico?

Hace poco me escribía un lector de este cuaderno, comentando que se había llevado una desagradable sorpresa al abrir una botella de vino blanco de Rueda y encontrar un corcho sintético. Esta es una tendencia reciente, que algunos bodegueros han comenzado a utilizar y que está sorprendiendo a muchos aficionados al vino. Por eso me ha parecido oportuno hablar un poco sobre el tema.


El motivo de esta nueva moda no es otro que el económico. El precio del corcho tradicional es elevado y los bodegueros se enfrentan a la creciente necesidad de ahorrar costes. Como os podréis imaginar, el corcho sintético cuesta unas tres veces menos que el normal, el cual puede llegar a valer cerca de un euro cada uno y, claro, luego ese coste hay que repercutirlo en el precio del vino con el consiguiente problema de pérdida de competitividad.

Lo cierto es que no hay nada de malo, en principio, en la utilización de corchos sintéticos. El corcho tradicional tiene la ventaja de que deja pasar minúsculas cantidades de oxígeno en la botella, permitiendo a los vinos evolucionar dentro de ella. Los taninos se suavizan y el vino se “redondea”. Pero esta evolución solo beneficia a los tintos que han tenido una crianza previa en barrica. Así, estos vinos podrán incluso mejorar durante unos pocos años más a lo largo de su estancia en botella, siempre que las condiciones de almacenamiento y conservación sean las adecuadas. No ocurre lo mismo con los vinos blancos o rosados, que son vinos, generalmente, sin crianza y que no van a mejorar ni a “evolucionar” durante su paso por botella, por lo que usar tapones sintéticos para este tipo de vinos no debería suponer ningún problema ni merma de calidad y sí, tal vez, un pequeño ahorro para el productor y el consumidor final. El problema es cuando nos presentan vinos tintos de crianza con este tipo de tapones, cosa que yo, hasta ahora, solo he visto en las botellas que sirven en los aviones.

La imagen es la galería de Sam Howzit en Flickr.

20 de junio de 2010

Variedades

Alguna vez hemos hablado ya de que lo más importante a la hora de elaborar un buen vino es la uva. Todo empieza en la viña, como dicen los viticultores, y si no tenemos un buen producto, nunca podremos hacer un buen vino. Por eso es tan importante prestarle atención al fruto de vid, conocer sus variedades y cuidar su producción para obtener el mejor producto posible.

Muchas veces habréis oído hablar de Tempranillo, Cabernet, Garnacha, Pinot Noir, etc. Son todas variedades o diferentes tipos de uva. Pero, ¿cuántas variedades existen en el mundo? Y ¿con cuántas de ellas podemos elaborar vino? Pues, más allá de la uva blanca o tinta, existen miles de tipos más. Se cree que existen en todo el mundo cerca de 5.000 variedades distintas de uva, pero solo unas cincuenta son aptas para la elaboración de vino. Con los diferentes tipos de uva blanca se elaboran vinos blancos, finos y cavas, mientras que las uvas tintas se suelen utilizar para elaborar tintos. Digo suelen, porque hay una excepción, al menos que yo conozca. Se trata del vino blanco “White Zinfandel” que elaboran en California a base de la una tinta Zinfandel. Bueno, no es totalmente blanco, sino más bien rosado, pero ellos le llaman blanco. Y lo que hacen es retirar la piel de la uva para evitar el pigmento rojo.

No todas las variedades se adaptan bien a todos los tipos de terreno y clima, es por eso que en cada zona o país se suelen dar mejor determinados tipos de uva y son asociadas generalmente a esa zona. Por ejemplo: La Cabernet Sauvignon es la variedad francesa por excelencia; la Tempranillo o Garnacha las variedades más frecuentes en España (al menos en su zona norte: Rioja o Ribera); La Nebbiolo la mejor uva de Italia; La Syrah es la que mejor se ha adaptado al clima australiano y la más utilizada allí, y así sucesivamente.

Normalmente los viticultores suelen usar varios tipos de uva diferentes para elaborar sus vinos, es lo que se llama coupage. Pero, últimamente han surgido muchos vinos que presumen de ser “monovarietales”, que quiere decir que están elaborados a partir de una sola variedad de uva explotando así todo el potencial de esa variedad. Suelen reflejarlo en la etiqueta indicando además qué uva ha silo la elegida, como por ejemplo: “100% Tempranillo”.

Y ¿cómo conocer las cualidades de cada tipo? Pues para eso tendremos que dedicar un artículo específico para cada una de ellas. De momento, mi consejo para empezar a descubrir sus diferencias, es que no dejéis de probar y catar buenos vinos monovarietales siempre que tengáis la ocasión.

La fotografía es mía y fue tomada en mayo del 2009 en la Finca Torremilanos, de Aranda de Duero (Burgos).

26 de mayo de 2010

El vino puede reducir el riesgo de padecer diabetes tipo 2

Esta es la traducción de un artículo publicado en la revista online de Wine Spectator. Puedes leer el original pinchando aquí.

Autor: Jacob Gaffney
Fecha publicación: 12 de mayo de 2010
Traducción: Fernando Cuñado

Varios estudios demuestran que el consumo moderado de vino puede asociarse a un menor riesgo de padecer diabetes tipo 2. Pero ¿es el vino la verdadera causa, o alguno de sus componentes en concreto? Dos nuevos estudios sugieren que el vino juega un papel importante y que los compuestos químicos presentes en la uva pueden ayudar a reducir dicho riesgo.

Los estudios realizados hasta ahora postulaban que el menor índice de diabetes tipo 2 entre los bebedores moderados de alcohol se debía a que dichos sujetos llevaban, por lo general, un tipo de vida más saludable. Lo cual no resulta en absoluto sorprendente, ya que los bebedores suelen practicar más ejercicio que los abstemios. Según uno de dichos estudios, que será publicado próximamente en la American Journal of Clinical Nutrition, un equipo de investigadores de la Universidad de Wageningen en Holanda abordó el asunto mediante el análisis de datos extraídos del “Estudio Europeo-Holandés sobre Cáncer y Nutrición” (EPIC-NL, por sus siglas en inglés), un ambicioso estudio sobre salud realizado entre más de 520.000 personas en 10 países europeos.

El equipo de la Universidad de Wageningen seleccionó datos relativos a 35.625 adultos, sujetos del estudio, considerados como los de menor riesgo a desarrollar diabetes tipo 2, así como enfermedades cardiacas (ambas, estrechamente relacionadas). Entre los factores que disminuyen el riesgo están: mantener un peso óptimo, la práctica regular de ejercicio durante algo más de 30 minutos al día, no fumar y llevar una dieta saludable. Según el protocolo del Dietary Approaches to Stop Hypertension (régimen apoyado por el Departamento de Salud de los EE.UU.) la dieta saludable se basa en reducir el sodio de los alimentos que ingerimos e incrementar los cereales, la fruta y las verduras. Entre las mujeres, se recomienda, además, el consumo diario de unos 42,5 gr. de bebidas alcohólicas, 145 gr. de vino ó 340 gr. de cerveza, mientras que a los hombre se les permite el doble.

Después de analizar los datos obtenidos a lo largo de 10 años de estudio (incluyendo 796 casos de diabetes tipo 2), los investigadores concluyeron que los menores índices de diabetes entre los bebedores no pueden explicarse solo debido a un estilo de vida más saludable. El alcohol contribuye directamente, de alguna forma, a una menor incidencia de la diabetes en dichos sujetos, ya que los bebedores presentan un 40 por ciento menos de riesgo comparados con los abstemios.

El citado estudio holandés no explica, sin embargo, por qué las bebidas alcohólicas reducen el riesgo, pero otro estudio sugiere que podría no ser solamente debido al alcohol. Un estudio llevado a cabo en la Universidad de Michigan ha descubierto que comer uvas parece disminuir el desarrollo de dolencias como la hipertensión arterial y resistencia a la insulina. Ambos son factores que preceden a las enfermedades cardiacas y a la diabetes tipo 2. Juntos, forman lo que se conoce como síndrome metabólico, que padecen 50 millones de americanos.

Según los hallazgos presentados en la conferencia sobre Biología Experimental celebrada en Anaheim, California, el equipo de investigadores de la Universidad de Michigan demostró que las ratas alimentadas con pienso elaborado a base de uvas de mesa mostraron mejores índices de azúcar en sangre y una mejor tolerancia a la glucosa.

Se cree que dicho efecto se debe a los fitoquímicos que se producen naturalmente en las uvas y el vino, entre ellos los taninos, las antocianinas y el resveratrol. Aquellas ratas que fueron alimentadas con uvas de mesa, mostraron menores índices de inflamación arterial y menores daños producidos por la oxidación.

Tal y como explicó Steven Bolling, cirujano especialista en dolencias cardiacas de la misma Universidad y director del Cardioprotection Research Laboratory: "la razón que posiblemente se encuentra detrás de la disminución del síndrome metabólico es que los fitoquímicos protegen activamente a las células cardiacas del efecto dañino derivado del síndrome metabólico". Hay que advertir, no obstante, que dicho estudio fue parcialmente financiado por el Consejo para la Promoción de la Uva de Mesa de California; a pesar de ello, los investigadores aseguraron que dicho organismo no influyó de ninguna forma en el diseño del estudio ni en su posterior desarrollo.

La imagen pertenece a la galería de Betobeto en Flickr.

23 de mayo de 2010

Promoción de La Rioja: un año sabático

Ya es la segunda vez, en poco tiempo, que me escriben desde una agencia de marketing para pedir mi colaboración (desinteresada, claro) en la difusión de una campaña relacionada con el mundo del vino. Y también la segunda vez que accedo (desinteresadamente, por supuesto). Tres son los motivos que me llevan, en esta ocasión, a dar acogida en mi cuaderno a esta iniciativa: en primer lugar, me encanta el mundo del vino y creo que toda promoción que se haga es poca; en segundo lugar, adoro La Rioja, a pesar de ser de Valladolid; y, finalmente, me parece una buena idea que se exploren formas diferentes de comunicar y difundir la cultura del vino.

La Rioja es una tierra fantástica, donde se vive y se disfruta del vino en cada rincón. Recuerdo un puente del Pilar que pasamos allí mi mujer y yo, visitando bodegas, pueblos y disfrutando del paisaje y de su excelente comida. Tuvimos la enorme suerte, además, de que la vendimia vino tarde ese año, y nos encontramos en medio de la campaña de recogida de la uva. Así pudimos disfrutar del espectáculo de las bodegas en uno de los momentos punta de su actividad.

Muchos deberían tomar nota de esta iniciativa que, aunque no es demasiado novedosa (pues viene a ser una especie de versión española de la campaña que anunciaba “el mejor trabajo del mundo”), al menos muestra una clara y firme decisión de promocionar una tierra llena de encanto, el mundo del vino entre ellos. No voy a comentar en qué consiste. Creo que la TV ya lo ha difundido bastante, y podéis visitar su web y su Blog para informaros. Solo añadiré que, el hecho de utilizar el marketing viral, a través de Internet, me parece una gran idea. Cada vez son más los publicistas que se han dado cuenta del creciente papel que los blogs están tomando a la hora de informar, contar cosas y difundir ideas. Los medios de comunicación tradicionales pierden audiencia a diario. Su creciente sectarismo contribuye a su propio desprestigio, por lo que la gente tiende a buscar nuevos medios para informarse. En mi caso, como en el de la mayoría de los bloggers, creo, no pretendo tener siempre razón, ni vender ningún producto, solo contar lo que pienso, lo que me interesa y lo que me gusta. Lo que no me gusta me lo suelo guardar para mí, que ya hay bastante crítica destructiva en el ambiente. Y, si de esta forma consigo que alguna persona sea capaz de aprender algo nuevo y disfrutar de esta cultura tan rica y tan nuestra, me doy por satisfecho.

Suerte a los promotores de la campaña.

20 de mayo de 2010

Y por fin llegó la vendimia (al hemisferio sur)


Ya hemos comentado alguna vez que en el mundo del vino, hoy en día, hay que hablar de un “viejo” y un “nuevo mundo” del vino. Esta diferenciación relacionada con la antigüedad de sus viñedos y de sus bodegas coincide prácticamente con la separación geográfica de los dos hemisferios. En el norte se sitúan, mayoritariamente, los países del viejo mundo (salvo por California), y en el sur los del nuevo. Y, como el nuevo mundo del vino ahora es otoño, es un buen momento para hablar de vendimia.

En efecto, mientras en Europa las vides acaban de florecer, en países como Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Chile o Argentina, ya se ha vendimiado o se está en ello. Así lo recoge una serie de interesantes artículos publicados por la revista Wine Spectator, en el que se detallan características de la vendimia y la calidad de la uva recogida este año en estas nuevas zonas vitivinícolas. Os recomiendo su lectura para más detalles.

El caso es que la globalización ha llegado a todos los rincones de la actividad humana, y ya no tenemos que esperar un año para probar un vino cosecha 2010. Desde aquí les deseamos suerte a los viticultores del nuevo mundo para que consigan extraer lo mejor de esta cosecha.

La imagen de la vendimia argentina pertenece a la galería de VinoFamily en Flickr.

17 de mayo de 2010

La temperatura de servicio y los falsos mitos

Uno de los mitos, o falsas creencias, más extendidas entre los aficionados al vino es ese que dice que la temperatura idónea para servirlo es "la temperatura ambiente". Lamentablemente, esto es cierto solamente si vivimos en Burdeos, lugar donde se acuñó esta expresión. En aquella zona (cuna del vino tal y como lo conocemos actualmente), la “temperatura ambiente” a lo largo de casi todo el año oscila entre los 16º y los 18º. Sí, esa es la temperatura idónea para servir y disfrutar de un buen tinto. Aunque los gustos personales también pueden jugar un cierto papel en este sentido. A mí, personalmente, me gustan un poquito más frescos, en torno a los 14ºC, especialmente los tintos jóvenes. Para saborear los reservas, o los vinos con más crianza, no me importa que estén algo más cálidos, de hecho, una temperatura un poco más elevada ayuda a estos caldos a alcanzar su máxima expresividad.

El problema es que en nuestro país la temperatura ambiente puede oscilar entre las muy bajas del invierno y las demasiado cálidas del verano. Un buen aficionado al vino sabe que la temperatura ambiente de un bar de Alicante en Agosto no es, ni muchos menos, la temperatura idónea para disfrutar de ese vino. Afortunadamente, cada vez son más los bares y restaurantes que han comenzado a instalar cámaras o armarios refrigerados que conservan el vino todo el año como si estuviéramos en Burdeos.

La imagen pertenece a la galería de GenBug en Flickr.

17 de abril de 2010

Anta Banderas Tinto Roble 2008

Acabo de terminar la segunda botella de este sensacional vino y no quiero dejar pasar ni un minuto más para recomendarlo. El caso es que no ha sido hasta unos días después de comprarlo (en un supermercado de barrio, por cierto) que me he enterado que uno de sus dueños y principal accionista es el famoso actor Antonio Banderas ¡Claro, de ahí el nombre! Pero, dejando esto al margen, tengo que decir que me ha sorprendido y agradado mucho este joven tinto.


A pesar de ser Banderas el dueño de la bodega "Anta", esta parece estar situada en una pequeña localidad de la provincia de Burgos llamada Villalba de Duero, según se indica en la etiqueta (por cierto, la poca información que contienen, tanto la etiqueta como la contra-etiqueta, es uno de los pocos defectos que le encuentro al vino). Su situación geográfica, intencionada, sin duda, le hacen pertenecer a la D.O. Ribera de Duero. Comparte, además, con los caldos de esta tierra el hecho de estar elaborado con uva Tempranillo; se supone que al 100%, pero esto tampoco se indica expresamente en la botella. El caso es que es un vino joven con solo 4 meses de barrica, aunque muy bien aprovechados. Lo más destacado, a mi gusto, es su potente sabor a fruta, lo que habla muy bien de su origen y la calidad de la uva empleada. La barrica le aporta, además, notas tostadas y melosas con gusto a caramelo y tofe que prolongan su paso en boca.

Otro pequeño detalle a mejorar, a parte de la escasa información, es el tapón de plástico. No tengo nada en contra de estos tapones que se emplean cada vez más en vinos blancos, lo que no es un problema para unos vinos que no evolucionan en botella, pero a los tintos el plástico les impide la entrada del oxigeno que les ayuda a madurar. Creo que un corcho hubiera sido más adecuado. A pesar de estos pequeños detalles, Anta Banderas es un estupendo tinto joven, sorprendente y algo distinto a los clásicos por sus notas dulces pero que deja un estupendo sabor de boca. Su precio ronda los 5 euros y creo que es muy correcto. La primera botella la tome a una temperatura algo superior a la que me gusta y, sin embargo, esto le hizo ganar en expresividad y sabor. En fin, una novedad muy grata y recomendable.

La fotografía pertenece a la web de la bodega que, por cierto, ofrece también un interesante Blog.