Mª del Pino Pérez Goyanes
El jueves 29 de octubre, el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Toro organizó una cata abierta al público en el hotel Felipe IV de Valladolid. Hay pocas ocasiones como esta y hay que aprovecharlas, lástima que solo fuera una tarde. Como no hay tiempo suficiente para catar el vino de las 35 bodegas reunidas, me propongo probar cosas nuevas y pasar por alto los vinos que ya conozco.
Yo voy buscando la anécdota y algo que me sorprenda, del análisis organoléptico se ocupa mi acompañante, Patricia Díez, (más conocida como Patricia “la de Alta Pavina”), enóloga formada en Burdeos y pionera de la elaboración de monovarietales de Pinot Noir y de Cabernet Sauvignon en tierras castellanas.
Llegamos a la sala de cata a buena hora, todavía no rebosa de gente y los bodegueros están aún frescos y dispuestos a contarnos todo acerca de sus vinos.
Primera parada: Vega Saúco, es difícil resistirse a la simpatía de Wences. Nos hace probar Flor del Saúco 2006, un espumoso tinto elaborado 100% con tinta de Toro siguiendo el método champenoise. Me recuerda a un maceración carbónica y la etiqueta rosa es inconfundible y, como el vino, muy alegre.

Probamos unos cuantos antes de detenernos a charlar con Javier Ayala en la mesa de Bodegas Toresanas, del Grupo Bodegas de Castilla. De sus vinos, me quedo con el Amant novillo, un joven del 2008 muy aromático en nariz, fresco y muy vivo en boca. Rivaliza en frescura con el joven 2008 Elías Mora de Victoria Benavides, también presente en la sala, muy afrutado y con un toque a regaliz.
Más adelante, acaparamos a Juan Martín Hinojal, enólogo de Palacio de los Frontaura. Llaman la atención sus etiquetas a modo de camisones y sobre todo sorprenden los vinos, tan distintos de los Toros a los que estamos acostumbrados. Los vinos de Frontaura son densos pero suaves, aromáticos y especiados. Dejan traslucir su cuidada crianza en barrica de roble francés Allier y aumentan en complejidad a medida que sube la gama (¡y el precio!). Son vinos para disfrutar despacio y sin prisas, necesitan tiempo para abrirse. Son de esos vinos que dejan un aroma tan intenso en la copa vacía que uno se resiste a lavarla. Patricia y yo no coincidimos, el que más me gustó a mi fue el Dominio de Valdelacasa 2006, con 7 meses en barrica, muy equilibrado y con aromas muy limpios, ella se decantó en cambio, por el Frontaura Reserva 2005, con 18 meses en barrica nueva. Ya tenéis una orientación.
A la espera de la restauración del Palacio de los Frontaura y Victoria en la plaza de la Colegiata de Toro y de la construcción de la nueva bodega, aceptamos encantadas la invitación a visitar la Finca de la bodega, el Pago de Valdelacasa, situado cerca del río Guareña, y donde se encuentran sus 100 ha. de viñedo de Tinta de Toro.
Próxima parada, la bodega de François Lurton y Michel Rolland. Ambos conocen y han elaborado en muchas zonas del mundo, pero solo se quedan allí donde realmente la uva y la tierra merecen la pena y plantean un nuevo reto. En Toro, el desafío consiste en domar la uva, tan dura. Y realmente lo han conseguido: sus vinos Campo Eliseo y Campo Alegre consiguen un perfecto equilibrio.

Probamos el Campo Eliseo 2005, 100% tinta de Toro, 18 meses en barrica francesa. Y también el Campo Alegre 2007, hermano menor del anterior y criado 12 meses en barrica francesa.
Me ocurre lo mismo que con los vinos de Frontaura, no reconozco en ellos la aspereza tan propia de los vinos de Toro. Según Tomás Vega, gerente de la bodega, la clave está en el viñedo, con rendimientos más altos por hectárea debido a un marco de plantación menor, y en vendimiar en el momento óptimo de maduración. Algún truco más debe de haber, ¿quizás la micro-oxigenación durante la vinificación tan propia de los vinos franceses?
El nombre de Campo Eliseo remite al origen francés de los propietarios, (ooohh… les Champs Elyseés), pero también al origen griego del término, el cielo en el que descansan dichosos los guerreros heroicos. Un paraíso que bien merece una visita. Y ya van dos.
La tercera visita pendiente es al viñedo de Domaine Magrez, la bodega de Depardieu, para entendernos. Lo decidimos tras acercamos a su mesa por pura curiosidad y hacer un doble hallazgo: un viticultor con mucho que contar y unos vinos extraordinarios. Los vinos me gustan y mucho. De nuevo, me sorprenden por ser muy distintos a los vinos de Toro que he probado hasta ahora. Paciencia, Temperancia y Spiritus Sancti, todos del 2006, se elaboran siguiendo el mismo método aplicado a los grandes vinos franceses: vendimia manual en cajas, desgranado a mano y mesa de selección, vinificación en madera y crianza en barricas nuevas de roble francés.
De la misma finca salen tres vinos distintos, la diferencia reside en la partida de uva y en la proporción de barrica de 500 l. o de 225 l. Y el secreto de todos ellos está en el viñedo: Abdón Segovia, el hombre más solicitado por los buscadores de viñedo en Toro, da buena cuenta de ello. A él le confió Bernard Magrez la selección de las 15 ha. de viñedo, de 102 años las cepas más viejas a 18 años las más jóvenes, en un terreno entre cascajoso y arenoso. Y también fue él quien localizó el convento del siglo XVI donde hoy se encuentra la sede de la bodega. La madera utilizada para la crianza también contribuye a ennoblecer el vino: barrica nueva de roble francés, con tostado medio de las tonelerías Radoux y Nadalié. La calidad se paga a más de 30 € la botella.
Más económico sale al mercado el vino que elabora la hija de Abdón con viñas viejas de pie franco y que catamos en la mesa de al lado: Abdón Segovia 2007, 100% Tinta de Toro, maloláctica en barrica y 12 meses en barrica de roble francés de segundo vino. Muy aromático en nariz y gran equilibrio en boca.
Abdón nos invita amablemente a visitar ambas bodegas, con una condición: pisar el viñedo donde crece la uva. No hay más que hablar, iré dispuesta a sonsacarle anécdotas sobre Depardieu y Magrez y por supuesto, acompañada de Patricia Díez para seguir aprendiendo de vino.
Salimos de la sala contentas de haber venido y notando aún el caramelo, las ciruelas pasas y los orejones del último vino que hemos probado.
Pino Pérez Goyanes es filóloga y traductora vallisoletana, además de buena amiga. También es técnico en comercio exterior y especialista en relaciones públicas y protocolo. Se dedica a la traducción, la corrección de estilo y la redacción de contenidos desde 2003. Antes de esta fecha, ha pasado por distintas etapas profesionales: desde la enseñanza del español para extranjeros a la exportación de vinos, pasando por la promoción internacional de productos agroalimentarios.
Además de conocedora y amante del vino, es también una convencida de los beneficios de la web 2.0. Mantiene un Blog muy interesante que os recomiendo.
Desde aquí le agradezco enormemente su valiosa contribución a este humilde Blog.








